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    El andar, una vida de saberes

    Lina María Garzón Ardila

    Y la pregunta de siempre; dónde están, y aunque es una respuesta incierta queremos decirles,

    que cada día nuevo es una esperanza,

     y que sus ojos se reflejan en nuestras almas y sus luchas se han convertido en las luchas de miles

     y que las calles los reclaman, y las paredes dicen sus nombres

     y a pesar de la impunidad no nos han callado. Dicen que ustedes renacen ante la tristeza,

    ante la injusticia y dicen que nosotras nos convertimos en resistencias,

    en semilla, y resurgimos para sonreír cada vez más profundo, para mirar a los ojos al dolor,

    a la indiferencia y decirles que aún, seguimos aquí, esperando,

     buscando, llorando y luchando.

    Lina María Garzón Ardila

    El andar, una vida de saberes

    El aprendizaje es una forma de replicar conocimientos establecidos, planteados desde una mirada occidental, que crea escenarios de poder, donde el conocimiento en su gran mayoría es dispuesto y propuesto por los hombres; por el contrario, el saber es una creación colectiva que parte del conocimiento ancestral, popular, comunitario; que se evidencia a través de la experiencia vivida. De la vida hablándote de diferentes formas.

    Este saber en particular del que voy a hablar, es el de la vida bofeteándome y trastocando todo lo que hasta determinado momento he conocido. Pero ¿qué he conocido?, ¿qué ha pasado para sentir que la vida me ha revolcado hasta el alma?, emerge una sola palabra: desaparición, la de mi hermana; la otra parte de mí, que por más que busque, no la encuentro.

    La desaparición de alguien a quien amas, te lleva a lugares desconocidos, y no necesariamente tienen que ser físicos; son lugares que pasan por la oscuridad, llegando hasta la luz, devolviéndote de nuevo a la oscuridad. Una amiga, que tiene su hermano desaparecido como yo, me decía que para ella, nosotras, nosotros los familiares, somos como un bosque, que a pesar de que los queman y los talen,  pretendiéndolos desaparecer, resurgimos ante la maleza, y con la dignidad más fuerte, más valientes y en las madres y mujeres más osadas.

    Así que, sin refundirme tanto, el objetivo de este escrito, parte del saber aprendido a partir de la experiencia de la desaparición, y claro, aquí viene el infaltable en cualquier línea que yo pueda producir; 

    Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos más. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine nunca la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar. (Galeano, 2010, p.3)

    Como no traer a la memoria, la utopía, primer saber que los familiares de los desaparecidos hemos aprendido;  aprendemos a caminar, se aleja, y nosotros/nosotras, no desistimos, y con ella viene un cachito de esperanza, un toque de sonrisas, y nos convertimos en hermanos, hermanas, y las madres nos adoptan, y los padres se convierten en fantásticos amigos, y las esposas nos miran tan profundo que nos hablan a través de sus miradas; sobre el amor, sobre la lucha, sobre la resistencia.

    Luego, como otro aprendizaje, viene el dolor, se convierte en nuestro mayor protector, nos indignamos, por supuesto que lloramos, y nos da impotencia, rabia, y a veces llegamos a odiar, pero siempre nos paramos y gritamos más duro, y los Estados tiemblan de lo fuerte que nos volvemos, cuando decidimos caminar juntos, juntas.

    La vida se convierte en un tejido andado, hablando, y nos convertimos en buscadoras, y unas nos enseñan a otras, y otras escriben, otras cantan, otras investigan, pero todas, todos, cuentan sus historias, y producen sus memorias, narran la construcción de sentidos, resignifican la vida desde diferentes perspectivas, y le asignan un lugar al tejido de la experiencia y el saber.

    Así como abordan diferentes lenguajes que pueden ser leídos y percibidos, generando variadas formas de pensar, de comprender la vida. Huergo (2010) afirma que los espacios se transforman desde la interrelación con los otros en busca de significados y significaciones, que nos permitan (con)movernos, desde el amor, la esperanza y las emociones que generan la relaciones con la otredad, en constante construcción colectiva.

    Generar diálogos de saberes con otras personas que tienen un familiar desaparecido, abre paso a la transfiguración de los sentidos sobre experiencias de vida, que se van edificando a partir de los espacios en los cuales se evidencia la interacción humana, mediante escenarios de encuentros y reencuentros, de diálogos y pensamiento Latinoamericano.

    Convirtiendo los saberes aprendidos en actos pedagógicos de incidencia política, y construcciones militantes que contra atacan la impunidad, el silencio; haciendo de la vida, un mundo digno.

    Lina

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